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lunes, 11 de julio de 2011

You think that I´m strong. You´re wrong, you´re wrong

Comenzó el raid mediático. La loca despechada sale a la cancha munida de su implacable artillería venenosa. Los buitres aguardan sigilosos la contienda. Quieren sangre, sudor y lágrimas.
Quieren verlo todo en vivo y en directo, registrar la primicia, ser testigos del dolor ajeno y sentir que, después de todo, sus vidas no son tan malas como creen.

Y yo estoy aquí, preparando mi viaje a Lima, coordinando entrevistas, sesiones de fotos, midiendo lo que digo y lo que no digo.
Espero ansioso mi libro, ya quiero ver a mi bebé recién salido de la imprenta, y así sentir que tanto esfuerzo ha valido la pena, que la historia se cierra de manera impresa y quedará registrada para siempre en un amasijo de papeles cargados de tinta negra.
Ahora toca ser malo, gracioso, irreverente. Toca maquillarse, ponerse una máscara y creerse el más vivo de todos los tontos que nos morimos por figuretear.
¿Qué nos habrán hecho de niños, me pregunto yo, para depender tanto de lo que diga el resto de la gente?
Mi madre no sabe contestarme, y su falta de respuesta lo dice todo. Mi padre, bien gracias; si algún día lo veo les aviso. Mi hermana, desde el cielo, tampoco puede darme una respuesta. ¿Alguien sabe por qué estoy tan loco?

Mientras pienso en todo esto mirando por la ventana de un bar, en la radio suena mi principito inglés Robbie Williams.
Tú piensas que soy fuerte, dice cantando. Te equivocas, repite, te equivocas.
Luego me distraigo, entro a un diario peruano y leo los poemas que él le dedica a sus hijas. Me detengo cuando se pregunta si Lola derramará un par de lágrimas el día en que su padre se convierta en polvo.
Pronto, se encarga de aclarar él, más pronto de lo que muchos creen.
Entonces lloro porque sé que es verdad.
Y me siento una mierda por hacerlo mierda.
Y compruebo que, como dice Robbie, no soy tan fuerte como muchos creen.
No soy tan malo, tan diva alocada, tan loca despechada.
Al menos no lo soy cuando tomo mi café en el bar de siempre, un lunes helado de julio, y leo que él se quiebra y se da cuenta de todas las cagadas que propició, de toda la gente a la que dañó.
Lloro un rato y luego me recompongo.
Contesto las preguntas de un periódico, termino de elegir una foto retocada en la que me muestro sin ropa y sé que es tiempo de salir al ruedo, de divertirme y divertirlos.
Y luego recuerdo otra canción de Robbie, la que dice Let meeeee, eeentertein you, y entiendo que es hora de entretenerlos, de maquillarse y jugar a la loca despechada.
No se preocupen, mi queridos lectores, que me ocuparé de no defraudarlos.
Pero sepan, mis más fieles seguidores, que no todo es lo que parece. Yo no soy tan fuerte y, aunque adoro entretenerlos, aquí no encontrarán más que a un tonto melancólico, un idiota muy triste, despechado y machucado por los puñetazos de la vida, que han sido muchos y muy fuertes.
¡Que comience el show!