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jueves, 9 de junio de 2011

No lo soñé


Finalmente... ¡lo conocí! En realidad, ya lo había visto un par de veces en Miami, pero nunca lo había saludado ni intercambiado algunas palabras. Pero esta vez fui por más. Ahora lo tenía cerca, en mi ciudad, y hubiera sido un tonto si dejaba pasar esta oportunidad. Por eso, ayer, me puse a llamar como loco a todos mis amigos periodistas hasta que logré mi objetivo: un productor de Radio Diez, donde el divo estuvo como entrevistado, me permitió pasar al estudio para verlo de cerca, estar a unos pocos metros de él, y hasta sentir su olor. Con eso me bastaba, me era suficiente respirar el mismo aire que Ricky, compartir el mismo espacio, tener la chance de buscar sus ojos con mi mirada inquieta. Y así fue, con esa actitud tan de groupie, que logré sintonizar con mi amor imposible, que se fijara en mí aunque más no fuera por un instante.


Casi muero, me desmayo, cuando me dijo hola, sonrió tímidamente y extendió su mano para saludarme. La mía, temblorosa, dejó caer el libro que le llevé de regalo y alcanzó a estrecharse con la suya. Se te cayó algo, dijo, y me apuré a buscar mi primera novela, la más gay hasta el momento. Inmediatamente se la entregué, le expliqué torpemente que se trataba de una novela gay escrita por mí, a lo que respondió, para mi sorpresa: sé quien eres, Juan -Castro, que en paz descanse- me habló mucho de ti. Que bueno leerte, será un placer.
Me quedé helado, idiota, como soñando despierto. Luego vinieron algunos miembros de su séquito y se lo llevaron raudamente, ignorándome como a un estorbo del camino, un a fanática más enloquecida por el astro boricua. Bye, Luisito, me dijo. Ya te escribo, siguió, para luego desaparecer entre la multitud.
You left me speechless, my beloved Ricky.
Sé que no me vas a escribir, que mi libro terminará en manos de alguna de tus secretarias y que no tengo ninguna chance contigo.
Sin embargo, lo último que se pierden son las esperanzas. Por eso, de ahora en adelante, me iré a dormir cada noche soñando que me estás leyendo, que piensas en mí aunque sea un poquito y que, si Dios existe y escucha mis plegarias, algún día verás mi dirección en la dedicatoria del libro y sentirás ganas de escribirme unas palabras.
Te amo, Ricky, all yours,
Luisito