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miércoles, 22 de junio de 2011

La celebración



Anoche hubo boda. Fue mi tío, de 67. Eterno soltero, nunca una novia. Todos, comenzando por mí, dudábamos de su hombría. Sin embargo, ahora, encontró a la mujer de su vida y se casaron con bombos y platillos.
Hacía años que no usaba terno. ¿Les gusta el que me mandé a hacer? Pienso usarlo cuando vaya a la tele peruana, en breve. Mi mami se puso todo encima. Brillos más animal print más pluma inglesa en la cabeza. Too much, le dije, pero no me hizo caso. Fuimos juntos a la maquilladora, ella, mi hermana, mi abuela y yo. El único varón de la familia que fue a la maquilladora es quien escribe. Dios, qué marica. Tanto, que a la hija de la novia, una jueza de la corte suprema, le dije, al presentarme, que yo era el puto de la familia. Sí, el champagne hizo estragos en el poco pudor que me queda. Mi hermana, que también trabaja en la corte, no me perdona el exabrupto. Lo siento, dear Carol, soy lo que soy. Te avergüenzo, lo sé, la desubicación y el figuretismo me brotan por los poros.
En fin, que la boda fue lo máximo, aunque todavía me duela la cabeza. Pronto, cuando me recupere, prometo una crónica descarnada del evento. La high society porteña lo merece, por idiotas.
See you guys, ¡más pronto de lo que creen!