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jueves, 5 de mayo de 2011

Anoche...

Fui a restaurante peruano en Buenos Aires y comí:

-Ceviche clásico
-Papa a la huancaína
-Mote hervido
-Aguadito de pollo
-Ají de gallina
-Jalea de mar (este nombre no lo tengo claro, el plato era con distintos pescado fritos, espero sus correcciones)

Y tomé:

-Chicha morada
-Inka Cola
-Cerveza (o cermeza cermeza, como dice Wendy Zulca)

Con mis amigos comentamos lo elaborada que es la comida peruana en relación a la argentina. Nosotros lo único que hacemos es agarrar una vaca y ponerla en la parrilla. Hervir una pasta y rociarla con salsa de tomate. Agarrar una pizza y meterla al horno. En eso consiste nuestra dieta. Carne pasta carne pasta, y chau.

Será por eso que, cuando me insultan en este blog, lo primero que me dicen es argentino parrillero.
Tienen toda la razón del mundo en llamarme así.
Por mi parte, me encantaría contar con al menos una pizca de su cultura culinaria.
Pero no hay caso, no sirvo ni para hacer un té.
Necesito alguien que me cocine, así engordo y dejan de llamarme lombriz, esqueletor, Mr. Burns, etc.
¿Quién me cocina? ¿Quién me hace mi ceviche? ¿Quién me sirve mi lomo saltado?
Denme de comer, ¡tengo hambre!