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lunes, 21 de marzo de 2011

Qué noche la de anoche...



Esta foto puede dar lugar a confusiones o malos -muy malos- entendidos.

Por eso, paso a explicarles:

Resulta que el sábado pasado, mi amigo Jon (un gringo hotelero rico de 45 años que vive en Buenos Aires y quiso ser mi novio pero yo le dije que no, que sólo amigos porque no me daba la moral para engancharme con alguien mayor again) hizo una fiesta de máscaras en su mansión de San Telmo.
Yo, tonto como siempre, fui sin mi máscara veneciana (porque no tengo una y pensé que nadie respetaría el puto dress code) y al llegar me di cuenta de que era el UNICO que andaba con la mirada al descubierto.
Por suerte, mi amiga Nat (la diosa rubia cantante de Pinkat que el loco entrevistó en Bogotá y con quien quiso hacerse el machito entrador y terminó recibiendo un merecido cachetazo por parte de ella) llevó su arsenal de maquillaje y juntos improvisamos esta máscara al mejor estilo Amy Winehouse-Lady Gaga-Coco Marusik-La Pelucha trasvestida en Madrid.
El resultado está a la vista: quedé más mamarracha que Carlín haciendo (¿haciendo?) de loca en La jaula de las locas.

Pero no todo fue ridiculez y extravagancia aquella noche, y mi máscara estilo Drag Queen rindió sus buenos frutos: en la fiesta en cuestión había un italiano DIVINO que se fijó en esta loca semi trasvestida (a falta de una auténtica máscara veneciana) y me bailó arrimadito toda la noche una espantosa música ítalo dance que nunca comprendí, hasta que dieron las cuatro y comenzó a besarme frente a todas las distinguidas damas y caballeros enmascarados amigos del topísimo gringo Jon.
Yo, ni lerda ni perezosa, le seguí en juego al italiano -by the way, rubio de pelo enrulado, ojos celestes, cuerpo presentable y una carita requete cutie- y ofrecí un espectáculo muy gay a todos los presentes, dejándome besuquear y chuponear (y hasta toquetear) por el tano calentón.

Cómo terminó la cosa, se preguntará más de un lector morboso...
Paso a contarles: la noche culminó en su casa de Palermo -Soho, que le dicen ahora- con unos toqueteos y demases, hasta que todo acabó (if you know what I mean) y el hot blond italian cayó rendido sobre mí y se quedó dormido a los pocos minutos. Pasó una media hora hasta que intenté despertarlo para largarme de ahí lo antes posible, pero todos mis esfuerzos resultaron en vano: míster Europa 2011 continuó roncando sin dar señales de vida, mientras yo lo zarandeaba y hasta llegué a levantarle la voz a ver si reaccionaba.
Nada. El tipo quedó privado, y yo encerrado en su casa de Palermo sin encontrar las putas llaves.
Revolví todo hasta que di con el llavero, logré salir y, desde afuera, comprobé que no se podía cerrar la puerta sin cargar las llaves con uno. A esa altura de la noche (en realidad, de la mañana), estaba tan harto de todo que dejé la puerta abierta, coloqué las llaves sobre la mesa y abandoné la casa, dejando al acecho de cualquier extraño un par de laptos, un I phone, un I pod y varias cosas más de un valor no menor.

Pido disculpas públicas al pobre tano (después supe que no le robaron nada, por suerte), pero en mi defensa puedo decir que intenté despertarlo por todos los medios, y que vaya uno a saber qué drogas se tomó para quedar así de privado, con un extraño en su casa bastante loco y despechado como para contarlo todo al lunes siguiente en su puto blog homosexual.

He dicho.