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martes, 15 de marzo de 2011

La mala educación



Hace unas semanas fui invitado a Lima para salir, por primera vez, en la tele peruana.
Como todos saben, la anfitriona no fue nada más ni nada menos que Magaly Medina, la chismógrafa number one de la tierra Inca.

Muchos de ustedes, mis fieles seguidores, me advirtieron que tuviera cuidado con ella, que no era una persona de fiar y que a la primera oportunidad que se le presentara me clavaría un puñal por la espalda.
Tuvieron razón. Como siempre, el pueblo tiene la razón, la calle no se equivoca.
Sin embargo, no podría decir que la renovada urraca me arrinconó.
Quiso, pero no pudo, no le dió.

Se comunicó con el loco sin avisarme, le contó que tenía mails entregados por mí -en forma confidencial- a su producción, y se las ingenió para que él le enviara una tanda propia de correos supuestamente dilapidarios con la intención de hacerme quedar en ridículo.
Que pena por ella -y que suerte para mí- saber que no logró su cometido.

Durante la entrevista sacó de la galera los mails del loco, intentó sorprenderme con ellos, ponerme en apuros y hasta acusarme de chantaje. Nada de eso fue posible.
¿Por qué? Por varias razones, a saber:
Primero, no tengo nada que ocultar, no he mentido en ningún momento ni hay en mi precaria historia de vida una verdad oculta que sacar a la luz.
Segundo, la popular urraca estaba demasiado ansiosa con el debut, algo contrariada por la baja sintonía de los últimos tiempos y muy temerosa de cada paso que daba, supongo que, en parte, debido a su reciente historial carcelario. En resumen, los nervios le jugaron una mala pasada.
Tercero, la señora Medina es una pésima entrevistadora.
Sabe hablar mal de la gente cuando está sola frente a cámara -como lo hace cualquier vecina en la puerta de su casa-, es muy valiente cuando sus urracos la nutren de ampays incendiarios contra personajillos de la farándula -siempre y cuando no sean poderosos que la puedan volver a meter presa, o amiguitos peluchescos que le recuerdan a cada ratito lo muy reina que es- pero no tiene la más puta idea de lo que es una entrevista.
No sabe repreguntar, no mantiene el hilo de la conversación y no se atreve a mirar a los ojos de su interlocutor.

Magaly, fiel a su estilo, se perdió entre papeles cuando me tuvo al frente, preguntó de manera pobre y desordenada en todo momento y cortó el reportaje con un abrupto adiós, sin dar lugar a los agradecimientos ni despedidas de rigor y cortesía.
Todo el tiempo estuvo pendiente de lo que Ney, su fiel compañero, le apuntaba detrás de cámaras, y cuando terminó el programa se escabulló sin siquiera darme las buenas noches.
Luego, al día siguiente o al otro, se encargó de burlarse de las amenazas a mi familia diciendo que no eran creíbles y hasta me llamó loca despechada cuando entrevistó a su amiga de juergas, la fiel Ximenita.

¿Por qué, señora Medina, no me profirió dichos insultos face to face?
¿Qué la llevó a tomar partido por el poderoso Mr. B cuando cuando yo no estaba presente en su set?
¿No hubiera sido más divertido, profesional, valiente y educado decirme todo en la mera cara?

Ya lo decían ustedes, mis queridos lectores: la urraca te clavará un puñal por la espalda.
Te llevará a una increíble suite, te pagará unos interesantes honorarios -nada del otro mundo, aclaro-, te recibirá amablemente en su camarín, no dejará que ningún otro medio hable contigo y al día siguiente, cuando estés sufriendo las demoras en el aeropuerto limeño, despotricará contra ti llamándote loca, despechada y mentirosa.

Esa es su manera de proceder, su forma de manejarse en la vida.
Será la ambición, la maldad que ella misma promociona en sus spots, o simplemente su mala educación.
Será esa falta de cortesía que mostró al momento que nos vimos por primera vez, cuando le obsequié un costoso perfume de Hermès y ni siquiera se molestó en abrir el paquete, ni siquiera me lo correspondió al aire o me mandó una nota de agradecimiento por alguno de sus secretarios, como hizo la señora Susana Giménez cuando le regalamos el mismo perfume el día que el loco visitó su set.

Magaly querida, te doy una pequeña lección de buenos modales, a falta de un tutor o encargado que te enseñe:
Cuando alguien te hace un regalo, debes tomarte la pequeña molestia de abrirlo -por más insignificante que sea y más diva que tú te creas- decir "qué bonito" -por más que no te guste- y luego guardarlo y pasar a otro tema, a otra cosa mariposa.

Eso hace una señora, eso hace una diva. Eso hizo Susana, por ejemplo.
Eso no has hecho tú, por ejemplo...

En fin, que por lo demás me corresponde agradecerle a Ney, que se ha portado muy bien conmigo en todo momento, y al bueno de Panchito, tu productor, que ha sido uno de los hombres más amables y querendones que conocí en Lima.

Supongo que ahora estoy fregado, que tendré urracos persiguiendo a mi madre o que me destrozarás un poquito cada día en tu sintonizado programa.
Qué más da, si como bien te dije en tu set, estoy más loco que el propio loco, todo me tiene sin cuidado y no me importa que medio Perú me odie y me llame loca despechada.
No importa nada porque aquí tengo, cada día, a muchas peruanas y peruanos que me leen y me quieren de manera genuina.
Y en casa tengo, en todo momento, a una familia que me apoya y no tiene la más pálida idea de quién es la popular urraca.

Dios los guarde en su inocencia...