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lunes, 28 de febrero de 2011

Lima limón

Finalmente pisé suelo peruano.
Es una suerte, porque la ansiedad me estaba matando.

Fue un vuelo largo y algo pesado, pero valió la pena.
Ahora estoy en una suite presidencial. Todavía no me lo creo.
Magaly, te pasaste, I´m in heaven!
La única pena es que no tengo con quien compartir el jacuzzi, puesto que he venido más solo que un perro. ¿Alguna idea para paliar esta soledad? Peluchín, ¿no te animas?

Hasta ahora, lo mejor del viaje ha sido el choclo gigante que me acabo de comer.
Fue lo primero que hice al llegar. Amo esa mazorca, es la mejor del mundo, por lejos.
Obviamente, lo acompañé con Incacola, ¡contaba los días para tomar un trago de la bebida flúo!

Lo peor, al momento, han sido los paparazzi en el aeropuerto.
Muy heavy muy salvaje muy terrorífico.
A mí no me molesta hablar ni que me saquen fotos o me graben; el problema no fue ese, sino que me enchutaban las cámaras y los micros en la cara y no me dejaban caminar.
Debo haber salido todavía más espantoso de lo que soy con esos primerísimos primeros planos que me hicieron... ¡so scary!

De paso, aprovecho la oportunidad para aclarar que no hablé con los reporteros no por hacerme la diva o porque les tuviera miedo. No no no, nada de eso.
El punto es que he firmado un contrato con ATV, razón por la que pertenezco pura y exclusivamente a dicha cadena televisiva, y razón por la que tengo terminantemente prohibido hablar con otros medios.
Así es, pues. El que se pone se pone, y la que puede puede.

Ahorita creo que no me conviene seguir escribiendo porque he llegado molido y el jacuzzi está que rebalsa.
Voy a meterme sola, triste, seducida y abandonada por los hombres peruanos que no me quieren, me consideran fea fea y ni siquiera me dirigen la palabra o me dan la espalda (lo que sería bastante agradable, by the way).

Besos, los y las quiero, ¡Perú rocks!