Búsqueda personalizada

domingo, 6 de febrero de 2011

El hermano de su mujer

Estamos echados en la cama del hotel de Bogotá.
Los dos fumados, privados luego de un potente porro colombiano que él consiguió en el canal. El sexo fue bueno. Últimamente él sólo quiere eso cuando está emporrado; le gusta fumar, escuchar música, hablar de su puta candidatura y acostarse boca abajo a la espera de. Luego actúa como una mujer, se refiere a él en femenino y me pide cosas insólitas.
En medio de la acción, me pregunta si su hermano me calienta. Le digo que sí y le pregunto si a él también. Me dice que sí. Le pregunto si le gustaría que su hermano se lo coja. Me dice que le encantaría. Me excito mucho, me los imagino a los dos juntos y me vuelvo loco. Termino así, escuchando sus gritos, más agudos que de costumbre.
Después nos quedamos hablando un rato largo. Ésa es la parte que más me gusta, hablar después de, los dos en la cama, entre abrazos y caricias.
Le pregunto por ella, tal vez sacando ventaja de ese estado de satisfacción que lo invade. Me cuenta que es su amiga, que la quiere y le tiene un poco de lástima. Le pregunto por qué lo de la lástima. Me dice que es una chica con muchos problemas, que su familia es un desastre y que si él deja de verla, como amiga -me aclara-, tiene miedo de que ella cometa una locura, de que se suba a la terraza de su edificio y salte al vacío, como tantas veces le había dicho que tenía planeado hacer.
Sigo indagando, me hago el tonto y voy preguntando con cierto desdén, como si no me interesara mucho el tema. Quiero saber qué le pasa por la cabeza a esa chica de veinte años para aferrarse tanto a un loco gay de 44 con novio, ex mujer y dos hijas. Entonces me cuenta que la madre de ella está loca, que varias veces intentó suicidarse con diversos métodos, y que hasta llegó a meter la boca en el caño de escape de un auto encendido para tragarse el humo y morir en el instante. Me cuenta que ella salvó a la madre, que siendo chica la vió tratando de quitarse la vida y le rogó que no lo hiciera, evitando así el desastre.
Sigue hablando de ella. Me molesta que le dediquemos tanto tiempo de nuestra conversación. Sin embargo, me da curiosidad saber más de esa pendeja que asomaba en su nuestras vidas como una amenaza cada vez más visible.
Cuando termina con los episodios relacionados a la madre, comienza con el hermano de ella. Dice que los dos tienen una relación muy particular, que él la visita en el departamento de ella y que hacen cosas. Le pregunto qué cosas. Cosas, me dice, es que se quieren mucho, más de la cuenta digamos. Me quedo helado, sin decir una palabra. Él continúa hablando, nada detiene su cháchara post marihuana. Me cuenta que su hermano abusa de ella, que lo hace con una regularidad semanal, cada vez que la visita, y que ella, lejos de molestarse, disfruta de la situación.
Como sigo callado, el tema se termina y la conversación cambia de rumbo.
No quiero saber cómo se llama el hermano de ella, qué edad tiene, si es casado, loco, enfermo mental o maníaco depresivo, y por qué razón actúa como un pervertido sexual.
Él me da un beso, me dice te amo y se va a su cuarto a tomar pastillas y dormir.
Yo me quedo pensando en el sexo que tuvimos, en la conversación posterior, y me resulta inevitable relacionar la espantosa realidad del hermano de ella con la excitante fantasía del hermano de él. Encuentro la primera conexión entre los dos, y aunque me resulta algo espeluznante, asumo que deben tener muchas otras cosas en común.
Ahora, después de todo lo ocurrido, recuerdo esa noche y pienso que sí pueden amarse, que los dos son un par de trastornados mentales que se excitan con sus hermanos, y que ese síntoma de locura puede ser uno de muchos otros tantos que los hace sentir cómplices.
A esa clase de amor es mejor perderla que encontrarla, me digo esta noche, rescostado en mi cama, en una fría noche madrileña. A mi lado, mi chico duerme y yo lo miro extasiado.
Me encanta mirarlo dormir y pensar que esta vez sí puede resultar, que él no parece estar tan loco y que, por suerte, es hijo único.
Un problema menos.