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lunes, 31 de enero de 2011

Adelanto Candy



Mañana inauguramos febrero con una escena de mi nueva novela, Candy.

Enero fue nuestro primer mes, y alcanzamos las cien mil visitas en menos de tres semanas de vida.

No tengo más que palabras de agradecimiento para todos ustedes.

Ahí va el texto de contraportada del libro publicado en varios países. Ojalá en Perú alguien se anime, pese a las amenazas de los poderosos.

 

Candela es madre soltera, vive con sus padres y su hija y sueña con una vida de revista que parece inalcanzable. Inés y Alberto llevan un matrimonio eterno, cargado de frustraciones y cuentas pendientes que siempre quedan postergadas. Miguel está recién casado y siente la necesidad de alejarse de los problemas familiares para intentar ser feliz. Martín se debate entre asumir su sexualidad y cumplir con los mandatos de una sociedad conservadora.

Candy cuenta la historia de la familia Vidal, atravesada por un inesperado dolor que cambiará sus vidas para siempre.

Inspirado en un hecho real, este relato intenso, por momentos desgarrador, no deja de lado la ironía y el humor ácido a pesar de las terribles circunstancias que narra.

 “Entonces madre e hija lloraron abrazadas, sintiendo el dolor de la derrota, el terror a la muerte que se anunciaba con más fuerza. A los pocos segundos, Clarita comenzó a gritar desconsoladamente, como si entendiera todo, y el llanto de esa niña, tan primario, tan inocente, bastó para que Candela hiciera lo imposible por secar sus lágrimas y fingir que todo estaba bien. Inés también sintió la urgencia de recomponerse, la responsabilidad de estar entera para que el resto no se desmoronase. Así, las tres se fueron calmando de a poco, y luego Clarita hizo otra de sus monerías, logrando robarle una sonrisa a su madre y a su abuela.”

 

Let´s make the headlines!

Sólo quería decir eso, fue lo primero que pensé viendo los periódicos de hoy...

Adjunto el video de las Spice, que no tiene nada que ver pero es lindo.

http://www.youtube.com/watch?v=3wCB7Axhwrg

domingo, 30 de enero de 2011

Respuesta

Loco, payaso, drogadicto, suicida, homosexual, escandaloso. Todos elogios inmerecidos. (Ver El Nuevo Herald)

¿Qué tal si te llamamos padre abandónico?
¿Qué tal te va padre que deja a sus hijas en la calle?
¿Qué tal te queda padre que las echa de su propia casa exponiéndolas en la prensa?

¿Más elogios inmerecidos?

Chúpate esa mandarina, que lo tuyo con ellas no tiene perdón.

Y volvemos al instinto maternal, paternal o lo que sea.
Mucha barriguita en la portada de Cosas, mucho anillito de Tiffany e infinitas demostraciones de cariño por esa vida que está por llegar.
Pero aquí, en el mundo real, en lo que tú llamas Lima la horrible, hay dos niñas que se quedaron sin padre, sin casa y sin vida privada.

Por tu culpa, por tu culpa y por tu gran culpa.

viernes, 28 de enero de 2011

Psico


¿Vieron la cara de chiflada que tiene en la foto de apertura de su blog?
¡So scary! Estaba en la compu con mi sobrinita, quien al verla exclamó: ¡La novia de Chuky!

Gracias a su inventiva, se me ocurrió publicar este post, con foto y todo.
Díganme si esos ojos saltones de huevo duro no son igualitos a la imagen que les adjunto.

Además, viene con joyita de Tiffany incluída... ¿Esta también se la habrá regalado el loco, o la profre de alemán?

¡Qué miedito!

Vamos mejorando

Ahora tenemos dominio propio. Pueden entrar al blog a través de http://www.luiscorbacho.com/

Queda más bonito, ¿cierto?

¡Corran la voz!

Gracias a todos y todas, los quiero.

jueves, 27 de enero de 2011

Mañana seremos tres


La enana arribista, el loco empastillado y el bebé de Rosemary.

Top Five


Este es mi top five de chongos (cueros) peruanos:

1- Bernie Paz, el de la foto (lo conocí en la tele de Miami y aluciné)

2- Diego Bertie (cuando era joven)

3- Christian Meier (en La mujer de mi hermano)

4- Javier Bayly (papacito)

5- Peluchín (te amo en silencio)

miércoles, 26 de enero de 2011

Again

No me cansaré de repetirlo: NO tengo Facebook
Así que porfa dejen de escribir comentarios en ese perfil que dice ser oficial.
Mi abogado está trabajando en el caso y el IP del que se hace pasar por mí está por ser detectado (lamento informarle al impostor que mi madre pertenece a la familia de abogados más importante de Argentina, y que casualmente un colega cercano de mi hermana mayor, miembro ella de la justicia nacional, es el representante legal de Google en Latinoamérica).
Así que prepárate cabrón, que ya casi te atrapamos y no te quedará ni un centavo para pagar por tu bromita.

A ver si te animas a subir este post a tu facebook trucho, ¡mamarracho!

Flaca


Siempre fui delgado, flaco, larva. En el colegio me decían fosforito y se reían de mis huesos. Mi papá, fanático del rugby, me obligaba a practicar ese deporte, aunque mi contextura física delatara que sería más exitoso jugando al ping pong que corriendo tras la pelota ovalada. Él aseguraba que era cuestión de tiempo, que estaba creciendo para arriba pero pronto comenzaría a desarrollarme hacia los costados.

Cumplí 16 y seguí siendo larva. Alcancé los 17 y todavía era capaz de entrar en una remera de lycra de mi hermana. Entonces decidí que sería tiempo de inscribirme en un gimnasio.

Motivado por las ganas de verme más ancho -y sobre todo por el deseo de ver a otros hombres más anchos-, acudí regularmente, durante seis meses, al salón de pesas del club. Fue en vano, pues seguí siendo el mismo chico esmirriado de siempre.

Los intentos de hacer realidad mis fantasías fueron aún más frustrantes que los primeros seis meses de gimnasio. En el chat me detenía en las fotos de hombres grandotes, musculosos, sólo para comprobar, derrotado, que aquellos machos alfa buscaban criaturas de su misma especie. “Buen lomo, de gym, buen orto y gambas, deportista, buscando similar. Sin foto no contestes”, publicaban en su perfil.

En el boliche pasaba algo parecido. Los grandotes se agrupaban como en una secta, bailaban juntos, abrazados, sin remera (polo para mis amigos peruanos). Exhibían sus músculos como un trofeo, como diciéndote en la cara: me maté en el gym y ahora pienso disfrutar de mi cuerpo con otro igual a mí, y a ti que eres una larva no pienso mirarte ni de reojo.

La sensación era muy deprimente, tanto que un día dije basta y me inscribí, por un año entero, en el gimnasio más top de la ciudad. Gasté todos mis ahorros en una excesiva cuota anual que hubiera servido para comprarme mi primera laptop, o seguir ahorrando para un auto. Pero la calentura fue más fuerte: si quería levantar machos grandotes debía convertirme en uno de ellos.

En el gimnasio me dieron una rutina de dos horas diarias y me recomendaron una dieta basada en proteínas. Me obligué a comer una lata de atún a las cinco de la tarde, una pechuga de pollo a las ocho y seis claras de huevo a las diez. “Come y excreta”, me dijo el profesor. “Cada tres horas, come y excreta”, insistió, para mi asombro. Comí y excreté todo lo que pude, sin resultados concretos a la vista. Entonces un chongo del gimnasio me recomendó que tomara polvos proteicos para agrandar la masa muscular y pastillas de creatina para tener más fuerza. Compré los polvos y la creatina. Los tomé religiosamente. Aunque me producían cierta conducta histérica y muchas ganas de vomitar, no desistí en mi arduo camino hacia el cuerpo perfecto.

Ocho meses después noté los resultados. Mis brazos eran más anchos; los pectorales, que siempre habían brillado por su ausencia, se asomaron tímidamente; las piernas ya no eran dos patas de tero y mis posaderas se fortalecieron como si hubiera hecho mil sesiones de electrodos con Luciana Salazar. Estaba listo para salir de caza.

Comencé por actualizar mi perfil en gaydar. Cambié la foto nerd de mi viaje a Bariloche –en la que aparecía con camisa a cuadros y jeans celestes- por una en traje de baño, sin remera, tomada por mi amiga Sani en la pileta de su edificio de Palermo. En el texto puse “Buen lomo, activo, deportista. Busco similar. Sin foto no te gastes”… De repente sentí que me había convertido en uno de ellos, otro espécimen de la secta de musculocas en busca de su media naranja. Los mensajes llovieron en mi casilla de gaydar. Ninguno valía realmente la pena, o en todo caso no me animé a citarme con un desconocido en algún bar de Santa Fe y Callao.

En el boliche me fue mejor. Llegué con una remera ajustada que dejaba al descubierto mis ocho meses de trabajo y enseguida comenzó el intercambio de miradas. Tomé un par de tragos y me animé a encarar al tipo que más me calentaba en todo el boliche. Mi nuevo cuerpo me daba una confianza inusitada.

Finalmente conseguí una víctima. Se llamaba Guillermo, era personal trainner y hacía unos años había competido en ligas menores de físico culturismo. Era muy grandote, muy fuerte, muy hot. Para mi sorpresa, me contó que le gustaban los tipos altos y flacos –a su lado, yo seguía siendo flaco, a pesar de los ocho meses de intensa rutina- aunque me aclaró que le calentaban algo marcados, “Un poquito, como vos”, me dijo, y nos fuimos a su departamento.

Pensé que sería la noche de mi vida. Que finalmente, luego de tanto sacrificio, el destino me había premiado con un chongazo que se partía al medio. Cuando se sacó la ropa, comprobé que no estaba para nada equivocado. Exhibió un cuerpo escultural, como jamás había visto en vivo y en directo. “No puedo creer el lomo que tenes”, lo dije. “Ya sé”, me contestó, y se acostó boca abajo. Su culo era glorioso, como sacado de una porno de los Falcon Studios. Intenté besarlo en la boca, pero se negó. Quise acariciarle la espalda, pero se puso arisco. “Quiero que la pongas”, me dijo. “¿Así de una?”, Pregunté. “Necesito que me cojas ahora”, insistió, y movió el culo como pidiendo eso. “Pará, que no la tengo bien dura”, le dije. “Es que me calentás demasiado y me pongo nervioso”. “Ya sé, siempre me pasa lo mismo”, me dijo. “Se excitan tanto que terminan acabando enseguida o ni se les para”.

Pensé en lo afortunado que era Guillermo al sentirse tan conforme consigo mismo. “No te preocupes, que me re calentás”, le dije. “Sólo dejame que te mire un poco y después vas a ver como te cojo”. Lo miré durante diez minutos. De arriba, de abajo, de frente y de costado. Tenía un cuerpo perfecto, pero ni una pizca de onda. A pesar de mis denodados esfuerzos por conseguir excitarme, nunca llegué a tenerla tan dura como para metérsela. Acabé rápido, mirándolo y tocándome solo. “No te preocupes, entiendo que te hayas excitado tanto que terminaste al toque, es normal”, intentó consolarme.

Quise desaparecer en ese mismo instante. Me vestí lo más rápido que pude y le pedí que bajara a abrirme. En el ascensor ninguno habló. Fue uno de los silencios más incómodos de mi vida. “Te llamo”, le mentí, y corrí a tomar un taxi. En el camino a casa hice las sumas y las restas. Desanimado, pensé que había salido perdiendo. Tanto esfuerzo para nada, me dije, y juré no volver al gimnasio por un buen tiempo.

A la semana siguiente conocí a un gordito de ojos claros con mucha onda. “Odio el gimnasio”, me dijo, y juntos tuvimos el mejor sexo de mi vida. Hasta que me enamoré del peruano y… ¿alguien no conoce el resto?

martes, 25 de enero de 2011

In Vogue


¡Hoy me entrevistaron de Vogue!

Además, hicieron una reseña de mi nuevo libro, Candy, que se edita en Estados Unidos.

God bless América, god bless Vogue.

¡Thanks my dear Eva!
La voguette


*El artículo sale en la edición de marzo, prometo subir un PDF

Yo también puedo salir en paños menores


No será la portada de Cosas, pero al menos estoy en casa de Shakira en Uruguay.

¿Adivinen quién me tomó esta foto?

En esa época todavía estaba cuerdo.

¡Chúpate esa mandarina!

lunes, 24 de enero de 2011

Payaso

"Por respeto a ella y al bebé no debo odiar a nadie..."

¿Y el respeto a tus hijas, payaso?
Un hombre que bota de la casa a sus propias hijas no merece llamarse hombre.
Una mujer que le permite a su "pareja" hacer eso, no merece llamarse mujer.

Así que mejor les dijo el loco y la enana arribista.
Más divertido, ¿cierto?

Como le dije al loco en un mail reciente: si mi sobrina me pidiera que desaparezca, sería el hombre más desdichado del mundo.

Si tus hijas te hacen eso, no sé como puedes andar tan tranquilo por la vida.
Y tú, perra arribista, deberías saber que eres responsable de la infelicidad eterna de dos inocentes niñas.

Si existiera la justicia divina... mejor me callo.

Buena noches.

NO TENGO FACEBOOK

¿Le pueden avisar a sus contactos que el tarado ese que se hace pasar por mí no existe?
Gracias.

Cumplimos una semana

Y alcanzamos las 35.000 visitas.
¡Gracias a todos por entrar!
Tanto los comentarios buenos como los malos valen.
Lo importante es que me sigan visitando, porque una entrada es una entrada. De modo que todos y cada uno de los que me visitan, sin importar si les gusta o no lo que leen, están contribuyendo al tremendo éxito (?) de este incipiente blog.
Para mañana les prometo una columna hecha y derecha, en exclusiva para el blog.
¡Un gran saludo!

Nueva foto

Le agregué una foto de Cata, mi sobrina, a la entrada titulada El instinto maternal.

Pueden bajar y verla, y a quienes no la leyeron, ¡échenle un vistazo!

Nada es lo que parece


Amigos peruanos,

Si bien en su adorable país soy un mamarracho mediático (lo siento, pero tenía que estar a la altura de mi ex y su chibola), en lugares
como Argentina o España mis libros no son escandalosos ni hablan de romances con famosos.
¿Por qué tengo esta doble personalidad?
Debo ser esquizofrénico, tantos años con el loco me deben haber dejado medio chiflado a mí también.
Al menos mantengo cierta cordura geográfica. Me explico: si en mi país existiera un periódico como el Ajá y yo saliera embarazado en portada, me cortaría las venas.
Pero Perú queda lejos, es un país maravilloso y está ubicado a muchos kilómetros de distancia de mis dos sedes actuales: Buenos Aires y Madrid (¿les dije que también soy español?, ¡gracias abuelita!).
En fin, este post va para los tontos que insinúan que mi carrera periodística y literaria se ve afectada por las ridiculeces que estoy haciendo en este blog y mantienen en vilo (vaya uno a saber por qué) a la divertidísima prensa peruana.

Hay vida fuera del Perú, mis queridos lectores ofuscados.
Pero yo los quiero y seguiré haciendo payasadas para ustedes, hasta que el tiempo se me acabe, el loco me mate o simplemente me aburra (o ustedes se aburran primero, que es lo más probable).

Bueno, hablando de todo un poco, las fotos que aquí les presento son de mi último libro en la mesa de novedades de la genial librería El Ateneo Grand Splendid. Les recomiendo que la visiten, está entre las mejores del mundo.
En esta novela, titulada Candy, no se hace alusión al loco, a la enana arribista ni a ningún escándalo lésbico sexual. Y sin embargo está vendiendo mucho en ciertos mercados a los que les tengo grandísimo respeto.

¡Ojalá llegue pronto al Perú! ¿Me debería acostar con Carlos Cacho para que eso suceda? ¡Paso! Mejor los invito, a quienes estén interesados, a adquirirla a través de www.tematika.com
Gracias amigos, gracias por los comentarios buenos y por los malos, que en definitiva son los que más me divierten. ¡Sigan así!

Luisa Lane

domingo, 23 de enero de 2011

Yo amo a mi mami

Qué curioso que halagues tanto a tu santa madre.
Qué notable que te desvivas en palabras de cariño hacia ella.
Qué sorprendente ver a la enana arribista diciendo que ella es su mejor amiga.

Tu madre, que yo sepa, sigue siendo la fanática del Opus Dei a la que siempre trataste de loca. La misma que te dijo hace unos años, cuando besaste a un hombre en la tele de España, ´Hoy siento que he perdido a un hijo´.

Todo esto resulta curioso pero comprensible en una persona como tú y en una enana de lo más arribista. Ahora tu mami es rica.
Ahora, en lugar de burlarte de ella como lo hacías conmigo, la conviertes en tu ángel salvador y le presentas a una chica y le ocultas al chico que jamás te atreviste a presentarle. El que te cuidaba cuando estabas enfermo y el que cuidaba de tus hijas mientras dormías o ibas a la tele.

Te doy un consejo, mi querido ex amigo: yo me concentraría más en tratar de que mis hijas me dirijan la palabra en lugar de dorarle la pastilla a la vieja para que te deje sus millones. Date cuenta, mi querido, que todos esos billetes no te servirán para nada si no tienes salud y si tus propias hijas te odian.

A la que sí le servirán, claramente, es a la enana arribista.
Entonces debemos reconocer que la susodicha, si bien no sabe leer en voz alta, ha resultado muy buena para los negocios.

Me saco el sombrero. ¡Chapó!

A los hechos me remito

Lean esta columna de él, publicada en 2008.
Hay párrafos muy reveladores.
Gracias Karim por el dato!

www.jaime-bayly.net/?p=45

sábado, 22 de enero de 2011

Ví el programa del chino por youtube

Me río mucho con el nivel de cierta tele peruana, estoy descubriendo un mundo nuevo que no deja de sorprenderme.
Por suerte estoy muy lejos y no vivo ni trabajo de eso.
¿Vogue les suena? No creo, a juzgar por su vestuario (hablo de los conductores del envío, claro, no de ustedes, mis queridos lectores).

En fin, que la mujer morena, de quien desconozco nombre o profesión, dijo un par de cosas destacables:
Primero, que yo estoy feliz siendo famoso en Perú y muy contento con la portada de Ajá.
Creo que no es necesario haber estudiado en la Universidad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, como lo hice yo, para saber detectar en un texto (en este caso, el blog de quien escribe) lo que comúnmente se conoce como ironía.
Supuse que fui claro al comentar la muy graciosa foto de mí embarazado (que por cierto, me resulta graciosa porque sólo la veo por Internet y a mi país no llega nada de eso, ya que aquí a Mr. B no lo conoce ni el loro), y supuse que todos los lectores lo interpretarían como lo que fue: una ironía. Pero bueno, uno nunca sabe con qué se va a encontrar del otro lado de la pantalla.
Segundo, la señora o señorita afirmó que salgo ganando con todo este escandalete, porque muero por ser entrevistado en Perú y aparecer en la tele de dicho país.
Escucho sus comentarios en youtube y me río con el precario análisis, dado que no he concedido ni una sola entrevista a la prensa peruana y he dicho NO a los insistentes pedidos de todos los programas que allí se presentan, incluyendo el del simpático chino (que me cae súper bien aunque defienda a la enana).

Hablando de... ¿Aldo?, resulta sorprendente que digas que la única cool en todo este entuerto es la enana arribista. Revisa un poco su minúscula hoja de vida y, como pareces inteligente, supongo que entrarás en razón.
Me parece importante aclarar que si hay alguien que supo comportarse como una dama ante esta situación y ante muchas otras más del loco empastillado, fue la madre de sus hijas, que no sacó ni libro ni blog, ni dio entrevistas ni se tomó fotos exhibiendo en paños menores su inminente maternidad.

En fin, que la más coherente me pareció la otra mujer, de acento impredecible para mi tosco oído, quien hizo alusión a la deteriorada salud del loco.
Lo que ha dicho esta guapa chica tiene más asidero que todas las especulaciones habidas y por haber en torno a este culebrón. El loco está con una pata afuera, y si no me manda a matar en los próximos meses (cosa que considero bastante probable dado su alto grado de insania mental), seré testigo de lo que ahora estoy afirmando con infinita tristeza y pesar por los años vividos de inmensa felicidad, cuando él no estaba loco y ella no había comenzado a enloquecerlo.

Como dice otro impresentable de la prensa chicha peruana que acabo de descubrir... ¡Apago el televisor!

Aquí les dejo el link: http://www.youtube.com/watch?v=q3b3N7_nz8Q

No coge ni a ganchos

"Mi relación con él no se basa en la pasión ni el erotismo"

Traducción al castellano simple: No me toca ni con un palo.

Traducción de mi propio diccionario: "A esa enana no me la cojo ni loco, y menos embarazada, ¡es un asco! Ahora cuando me caliento me toco pensando en vos" (diciembre de 2010)

Aclaración del autor: Todo parecido con la realidad es pura coincidencia.

¿Novel yo? Ay, no sé, puede ser...


Hoy en El Comercio le preguntan:

"¿Te imaginas en Estocolmo?
No es algo que esté en mi nube de sueños. Me basta con que la gente me lea. Ese es mi mayor premio. Quiero que la gente note la mejoría en mi trabajo. Ese es mi mejor Nobel".

Como dice Bart Simpson... ¡Ay caramba!
Como decimos los argentinos... ¿No será mucho?

ps. Luis Corbacho: Egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
Quince años de trabajo ininterrumpido en los medios de su país y del exterior.
Enana arribista... ¿trabajó? ¿estudió?
Ah, cierto que la prostitución no se estudia, si es el oficio más viejo del mundo...

viernes, 21 de enero de 2011

Too much!


La prensa chicha da para todo.
Hoy encontré esto en internet y todavía me estoy riendo.
Me siento Demmi Moore en la portada de Vanity Fair (versión chollywood, obvio).
Me siento Britney Spears posando embarazada en la tapa de la revista Elle.
Creo que llegué a lo más alto, ya soy una estrella hecha y derecha.
Gracias amigos peruanos.
Los amo, son el país más simpático y bizarro del mundo.
God bless Perú!

jueves, 20 de enero de 2011

Más que mil palabras...

Oh my god!

http://www.youtube.com/watch?v=ZsXPHtG3LiU

El instinto maternal



Cuando pasé las primeras vacaciones con las hijas de mi ex, unos seis años atrás, recuerdo que la madre de las niñas me envió un e-mail virulento que decía: “No te metas con mis hijas. Yo no tengo la culpa de que seas gay y no puedas tener hijos. Eres un ser emocionalmente castrado”.

En ese momento resté importancia al correo y dejé que las cosas fluyeran con las adorables chicas. Poco a poco nos hicimos amigos, compartimos maratones televisivas en la casa de Miami, jugamos a cocinar y diseñar ropa y salimos de compras casi todos los días. Las niñas amaban ir al mall, compartían conmigo esa pasión por la moda y las tiendas –que su padre detestaba- y yo era feliz aconsejándolas, viéndolas probarse un vestido tras otro y cargándoles las bolsas con una felicidad inmensa.

La rubia tenía el pelo más suave que jamás haya tocado. Me encantaba besarle las mejillas, hacerle cosquillas en la panza y peinarla una y otra vez.

La mayor era más desconfiada, me costó un par de veranos conectar con ella, pero su inteligencia y astucia hicieron que comprendiera como nadie mi verdadera esencia: yo era el amigo, socio y confidente de su padre; yo las quería como si fueran parte de mi familia; yo nunca hablaba mal de su madre frente a ellas y jamás interferí en la armonía familiar de los cuatro.

La mayor comprendió todo eso y me consta que me quiso, o al menos eso demostró en los correos que me envió, en los regalitos esporádicos que me dió, en sus saludos por mi cumpleaños y en el cariñoso apodo que me inventó: Lulito.

La última vez que estuvieron en Buenos Aires, hace tres años, lloré mucho al despedirlas. Nunca pensé que aquel sería el último verano juntos los cuatro, yendo de compras, visitando el cine a diario, tomando muchos helados de Freddo y chapoteando en la piscina de la estupenda casa que su padre había alquilado en San Isidro.

Cuando se fueron manejé a la casa de mi madre, la abracé y lloré en sus hombros. Sentí en el alma la frustración de no poder tener una familia propia en lugar de ese mes de felicidad alquilada, como la casona de San Isidro, que no hacía más que entristecerme, darme la sensación de haber probado lo mejor de la vida pero sólo por un ratito, porque mi rutina diaria volvía a ser la de un gay solitario que vive en un depa de dos cuartos y pasa la aspiradora cada mañana escuchando a Thalía.

En ese momento sentí más que nunca las palabras de la madre de sus hijas rebotando en mi cabeza: “Eres un ser emocionalmente castrado”.

Ahora, algunos años más tarde, escribo una columna defendiéndome de acusaciones falsas, intentando descargar tanta rabia acumulada durante mucho tiempo, y recibo como respuesta algo parecido a lo que la primera mujer de mi ex me dijo en aquella oportunidad. Los correos que me llegaron son anónimos y dicen algo así como: “Oe marica, sangras por la herida tú que no puedes procrear”, o “No te metas con la chibola que está embarazada, te mueres de la envidia porque jamás sabrás lo que es el instinto maternal”.

Hay una cosa muy cierta y otra gran mentira en estas dos afirmaciones. Primero, la verdad sea dicha, claro que me muero de la envidia. Es obvio –al menos para mí y para los que me conocen- que me hubiera gustado poder tener un hijo con el hombre que amaba, salir con él en la tele besándome la pancita y anunciar que estamos a la espera de un niña a la que apodaremos Ziloé y que nacerá en abril. (Dato de color: la madre de sus hijas y yo cumplimos años en abril, el mismo día, así que quizá nos llevemos la grata sorpresa de que la pequeña por llegar comparta nuestra fecha de nacimiento).

Como decía, hay algo muy cierto en las acusaciones que recibí, y es mi probada envidia y rencor contra esa chica que en cierta forma es quien yo no pude ser, tiene lo que yo no pude tener. Pero también se comete una gran falacia en esos correos anónimos, y aquí me remito al instinto maternal.

Obviamente yo no puedo ser madre y no creo que la ciencia avance tanto, al menos mientras esté vivo, como para lograr el santísimo milagro de lograr que un hombre quede embarazado. Eso jamás ocurrirá, lo sé y tan loco no estoy.

Pero hace un tiempo sucedió en mi vida un hecho tan doloroso como inesperado que cambió radicalmente mi existencia. Mi hermana Candelaria se enfermó de cáncer, y tras dos humillantes y penosos años de lucha abandonó este mundo dejando a una pequeña al cuidado de su marido y de nosotros, su familia más cercana.

Cuando nació Cata, la hija de Candy, yo acababa de salir del clóset de una manera escandalosa, gritando a los cuatro vientos mi romance con un famoso presentador de televisión peruano y publicando un libro en el que detallaba los momentos más íntimos de nuestra relación. Mis padres se enojaron un poco, mi hermana mayor, una respetada abogada miembro del poder judicial argentino, me pidió que fuera más discreto y mi hermano Agustín inició una terapia psicológica para aceptar que yo era gay. Candy fue la más comprensiva del grupo, y hasta el día de hoy recuerdo lo primero que me dijo al enterarse: “¿Entonces no vas a tener hijos?”. Luego, cuando nació su preciosa hijita, me nombró honorable padrino de la rebosante bebé que hoy es una niña de seis años.

Luego pasó lo que pasó y yo sentí el instinto maternal más fuerte que nunca.

En su lecho de muerte, Candy me pidió una y otra vez que cuidara de Cata, y yo le prometí, con lágrimas en los ojos, que lo haría sin desmayar hasta el último de mis días y de la mejor manera posible.

Hoy sé lo que se siente tener un niño a tu cargo. Estar todo el tiempo pensando en que no se enferme, en que coma bien, plantearse cuál será la mejor manera de educarlo, si podremos pagar tal o cual colegio privado, si nos alcanzará para darle el mejor seguro médico, si algún día ahorraremos lo suficiente para llevarlo a Disney, si estaremos inculcándole buenos valores, si es mejor insistir en que lea un libro en lugar de que mire la tele, o si vale la pena ponerse pesado para que coma vegetales hervidos en lugar de papas fritas.

Eso es ser madre; vivir las veinticuatro horas pendiente de ese ser indefenso por el que estamos dispuestos a robar, a matar o a cometer los actos más innobles. Saber que no podemos darnos el lujo de siquiera pensar en quitarnos la vida porque un novio nos dejó o porque estamos deprimidos. Comprar ropa para ellos en lugar de darnos un gusto propio, pagar su colegio en vez de salir un sábado a la noche a botar el dinero en trago, darles la mejor vivienda posible y tantas otras cosas más.

A mí me consta que la madre de las hijas de mi ex hizo todo eso y mucho más estando sola en varias oportunidades. También me consta que él lo daba todo por ellas y que juntos hicieron una dupla imbatible a la hora de criar a esas dos adorables pequeñas.

Pero escuché por ahí que la futura joven madre piensa dejar a su hija en manos de empleadas porque no se considera con la paciencia necesaria para cuidarla ni está dispuesta a ver afectada su carrera de “escritora” en pos de ejercer su maternidad.

Lo escuché de boca del futuro padre de la niña, en una de sus tantas quejas en torno al nuevo rumbo que había tomado su vida.

El tiempo dirá si eso cambia o no. Yo presumo que la llegada de un hijo revoluciona todo y que lo dicho antes de dar a luz pierde valor cuando vemos ese piojito que chilla y nos reclama toda nuestra atención.

Sólo espero que la joven escritora encuentre su instinto maternal que, hasta el momento, no he logrado evidenciar.

Por mi parte, puedo decir que yo ya lo encontré con la llegada de Cata y la partida de Candy. Entonces, aconsejo a los lectores que antes de llamarme emocionalmente castrado o escribirme correos malvados sobre mi envidia por la imposibilidad de procrear, lean esta columna. Y si les da curiosidad, pueden escribirme un mail preguntándome cómo se cambia un pañal, cuánto cuesta un colegio privado con inglés o con qué frecuencia hay que llevar a Cata al dentista. Les aseguro que puedo responder a estas cuestiones y a muchas otras más, y que mi instinto maternal está mucho más desarrollado que el de muchas vacas paridoras que dan a luz a un hijo para luego dejarlo con las empleadas, irse de compras y desentenderse completamente de todo en pos de sus cuestionables ambiciones personales.

*La foto que acabo de adjuntar es de mi adorada sobrina Catalina

Diez mil visitas

¿No será mucho para cuatro días?
¡Gracias!
En breve más relatos originales y menos chisme.
Aunque, como dijo Capote, toda la literatura es chisme.
¿No creen?
¿Qué piensan de esta frase?

Falso impostor

Hay un pelotudo que publicó un supuesto artículo mío bajo el título
¿Cuánto durará todo esto?
El muy idiota dice que es la página oficial de Facebook de Luis Corbacho.
Falso, y muy mal escrito.
Supongo que ustedes, queridos lectores, sabrán notar la diferencia entre el original y las imitaciones.
Así que ya saben, nada de Facebook ni blogs paralelos.
Todo lo que tengo que decir está aquí, y la gente de El Comercio puede dar fé de ello.

Hoy en Caretas Perú

Un ensayo escrito por mí sobre la maternidad.
Porque ser madre es mucho más que coger sin condón y parir.
Esta tarde subo el texto al blog para que no boten su dinero en la revista.
Todo lo que les ofrezco es gratuito, soy su humilde servidor.
Por cierto, gracias a todos por las visitas y los comments.
Ya superé las cuatro mil entradas en menos de una semana.
Not bad, ah?
Besos a todos y todas!

miércoles, 19 de enero de 2011

Aprende a leer

Y ahora resulta que esta enana sabe escribir -acumular letras en el teclado, por así decirlo- pero nadie le enseñó a leer.
¡Mamarracha!

Por otro lado, que no mienta. Él me contó varias veces que ella se acostó por años con su profesora de alemán. Así que nada de ficción, mi querida tortillera.

¿Quieren saber más? Tienen suerte porque verla me puso cáustico.
Aparte de acostarse con su profesora de alemán, la enana arribista se acuesta con... ¡su propio hermano!

Nadie me lo va a creer, pero ella y su hermano saben muy bien de lo que estoy hablando.

Viste enana, que Mr. B pasaba largas noches contándome tus sucios secretitos.

¡Suerte con el moribundo!

lunes, 17 de enero de 2011

Hay una enana en mi sopa

UNO

Estamos en el Office Depot de Coral Gables. Yo compro chucherías para mi sobrina, él cumple con la lista de encargos que le enviaron sus hijas y me pide consejos sobre laptops. Le digo que las de ahí son malas, que siempre es mejor ir al Mac Store. Dice que necesita algo barato para su productora. Vemos una Sony Vaio plateada en oferta, 500 dólares. “Es malísima”, le digo. “No importa”, dice, “total no entiende nada, que agradezca que se la regalo”.

Dos años después me entero de que la Sony no era para la genial productora sino para la enana arribista. Ni computadora tenía la pobrecita cuando lo conoció.

DOS

Él llega de Lima destruido. En la casa de Miami hace un calor insoportable. Bajo la escalera y lo abrazo. Está en otro mundo. Salgo y veo la camioneta abollada. Le digo que no puede manejar así desde el aeropuerto, todo empastillado y medio zombie. Me lanza una puteada y se encierra en su cuarto a dormir. Reviso la maleta, que por un descuido dejó en la sala, y encuentro fotos de la enana arribista en calzón saltando en una cama, junto con una espantosa camiseta envuelta en papel de regalo y una carta de amor. Espero a que se despierte y lo encaro, le pregunto qué hacen esas cosas en su maleta. Sigue dopado, no se inmuta. Insisto en indagar y me contesta que no me preocupe, que la enana esa está tan loca que pasó por el hotel y le dejó regalitos en la recepción. “Pero te juro que no la ví, hace tiempo que no la veo”, me dice.

Rompe las fotos y la carta en mi cara y me pide que deje de joderlo con mis planteos. Le creo y me encierro a trabajar tranquilo.

TRES

Me voy a un hotel en Miami Beach porque las hijas de él vienen con su madre a pasar las vacaciones en la casa de Key Biscayne, los cuatro juntos como una familia normal. Él esconde mi ropa, bota mi comida y hace de cuenta que no existo. No me ofendo porque estoy acostumbrado y sé que es lo mejor para las niñas. Más bien aprovecho para divertirme solo en los bares de South Beach.

Una noche me llama y me cuenta que se está yendo al concierto de Arjona. Le pregunto con quién. Me dice que solo. Le digo que está loco al ir solo a un concierto de Arjona si siempre odió su cursilería melódica. Me dice que lo hace para no quedar mal con el cantante. Le creo. Un mes después leo en su computadora una columna que nunca se animó a publicar, en la que describía a la enana a arribista como una chola vulgar que lo hizo pasar vergüenza en el concierto de Arjona porque llevaba puesto un ridículo polo a lunares tamaño carpa y unas calzas floreadas que le marcaban el poto regordete. (Aclaración a la prensa chicha: lo anterior es una cita, lo dijo él, no yo).

Lo enfrento con el texto en mis manos y me dice que la enana justo estaba en Miami, que coincidieron de casualidad en la ciudad y ella insistió mucho en ir al concierto de Arjona, en plan de amigos. Luego aprovechó para criticar el mal gusto de ella, nos reímos juntos y me dijo, una vez más, que ya no podía verla ni siquiera como amiga, porque era una impresentable que no sabía vestirse.

CUATRO

Fumamos un porro en la habitación del hotel de Bogotá. Él habla sin parar de su candidatura y me cuenta que cuando sea presidente vamos a recorrer juntos el mundo en avión privado. No le creo nada, pero igual me divierte la idea.

Me dice que necesita una primera dama, que la madre de sus hijas no quiere salir en la tele. No sé qué contestar. Me dice que está pensando en la enana arribista para mostrarla como su novia. Me enojo y le digo que pensé que ya lo la veía más. Se defiende argumentando que ella se le aparece en el hotel sin invitación. Le pongo un ultimátum: “o no la ves más, o no me ves más a mí”. Me dice que nunca podría dejar de verme y comienza a besarme.

Sé que la marihuana saca a relucir su costado más femenino. Se acuesta boca abajo y me pide. Le doy feliz, nada me excita más que darle, pero antes me pongo un condón. Me pregunta por qué hago eso y le contesto que no sé si se acostó con la enana arribista y vaya uno a saber qué bichos tiene esa pendeja. Me dice: “haz lo que tú quieras, soy todo tuyo”.

CINCO

Estamos en Sitges, Barcelona. Vamos todos los días a la playa gay Muñecas y nos pasamos protector por la espalda el uno al otro. Somos una pareja un poco rara: él más grande, medio gordo, con su cerquillo y sus anteojos. Yo muy flaco, con cara de adolescente, muy pendiente de mi ropa y haciéndome la modelo.

Me gusta verlo en la playa, lo amo más que nunca y pienso que no todo está perdido con él. Nos enamoramos de Sitges, fantaseamos con comprar una casita ahí para pasar los inviernos de Buenos Aires en el verano europeo. Dos días antes de regresar a Barcelona, abro mi laptop y me encuentro con su cuenta de correos abierta. Busco ansioso los mails de la madre de sus hijas y los de la enana arribista. La primera sabe que él está conmigo en Sitges pero se hace la tonta y le pregunta: “¿Y si nos casamos de nuevo?”. No me molestó leer eso, más bien me causó gracia. A esa altura habíamos aprendido a repartirnos al padre de sus hijas un tiempo cada uno y todo funcionaba con cierta armonía.

Los correos de la enana eran muchos y muy odiables para mi corazón. “Te extraño”; “Quiero verte”; “Odio a mis padres”; “Mi hermano lo hizo otra vez”; “No me viene la regla, creo que el pequeño James puede estar en camino”.

Cierro furioso la computadora, quiero putearlo pero no puedo, está en su cuarto durmiendo la siesta bajo el efecto de los somníferos. Salgo a la playa, camino por el malecón al centro de Sitges, me siento en el bar gay Parrot y pido una cerveza. Un rubito fortachón de ojos azules se me sienta al lado. Ya estoy borracho. Junto coraje para invitarle una cerveza. Acepta encantado y nos quedamos hablando. Me cuenta que es escocés pero vive en Londres. Su acento me mata, es una mezcla irresistible entre Gerard Butler y Colin Farrell. Pienso en los mails de la enana y la sed de venganza me carcome el cerebro. Le clavo la mirada al escocés y con los ojos le digo todo. Al rato estoy en su habitación teniendo el mejor sexo casual de mi vida.

Vuelvo corriendo a nuestro hotel. Él me espera impaciente. Me dice que estaba preocupado, que le daba miedo que algún chico lindo me levantase por ahí. Le digo que nada que ver, que me entretuve en las tiendas, y le pido mi laptop. Le pregunto si tuvo alguna novedad de Lima y me dice que no, que cero noticias. Los dos sabemos que estamos mintiendo, pero ninguno dice nada.

SEIS

La enana arribista viaja con él a recibir el 2011 en Buenos Aires. Se quedan en un hotel pero vienen al departamento en San Isidro del que fui echado como un intruso. Por suerte estoy en Mar del Plata con mi familia y me evito encontrarlos. El portero me cuenta que ella entró al depa con aires de señora y que juntos arrojaron mis libros y revistas a la puerta del edificio, frente a todos mis vecinos. El departamento que conseguí gracias a un cliente de mi tío por 75 mil dólares, una ganga, y que él pagó insistiendo, bajo mi negativa, en que lo pusiéramos a mi nombre, ahora está habitado por la enana arribista.

El portero me cuenta que ella comienza a criticar la decoración y propone hacer todo de nuevo. Ese depa estaba en ruinas cuando yo lo reformé; hice desde las ventanas hasta las tuberías, pasando por el baño, la cocina y los clósets. Lo dejé impecable, lo diseñé con tan buen gusto que de una revista vinieron a fotografiarlo. Dupliqué su valor, y ahora la enana arribista bota todo y compra muebles espantosos en Falabella y yo me retuerzo pensando que usará el depa para invitar a Buenos Aires a su mamá suicida, a sus amigas adolescentes y a sus variados amantes de cualquier raza, sexo y creencia. Porque al parecer la chica no le hace asco a nada. Lean su nuevo libro –supongo que alguien en Perú lo comprará- y verán que a las pruebas me remito.

SIETE

Leo en el periódico de hoy lunes su nueva columna. Se ve que no quiso contestarme, debo haber sido tan contundente que no encontró argumentos. Llego al final del texto, en donde le pide a ella que entierre su cuerpo en el jardín de la casa de Miami. La escena me produce escalofríos, pero luego me invade una rara sensación de alivio. Suerte que no estoy ahí con él, pienso. Suerte que no me encuentro en los zapatos de ella, que ahora lo tiene todo pero pronto, más pronto de lo que cree, no tendrá más que un muerto en el placard y una pala para enterrarlo en su propio jardín.

El que la hace, la paga.